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El grande de unos

Este año nuevamente se llevó acabo La Nueva Cruzada, el evento de juegos para beneficencia. Si leyeron la reciente entrada de Alejandro ya lo sabían. Al igual que él, tuve la suerte de dirigir en tal evento una partida de Spirit of the Century que resumiré brevemente.

Durante el atardecer y cerca de caer el ocaso se encontraba en el último piso del edificio del prestigioso Century Club nuestro grupo de héroes  Un hombre de edad, pelo blanco y ojos cansados, estaba sentado en un cómodo asiento junto a un pequeña mesa de lectura, la que tenía un mantel rojo de terciopelo y una lampara que poca iluminación prestaba al lugar. Era uno de los mentores, posiblemente uno de los últimos de ellos. Vivir más de un siglo no es fácil, sobre todo si has tenido que salvar constantemente al mundo.

Un sarcófago con un cargamento especial llegaría esa misma tarde al museo de Nueva York (esto ocurre mientras conversan). Una pieza invaluable arqueológicamente hablando, cuyo descubrir habría muerto en extrañas circunstancias en lejanas tierras, poco después que esta fuese embarcada. Las instrucción era claras, ir al museo y recavar información sobre la pieza que sería recibida esa tarde.

Los héroes, cada cual tomando su propio camino salió a buscar la información donde mejor sabe encontrarla. Al cabo un rato terminan todos en el museo en un tiroteo con la policía, mientras uno de los compañeros encuentra la llave que abre el sarcófago y la usa para descubrir su contenido.

La sorpresa no se hace esperar, pues dentro de este encuentran un hombre, más de dos metros de altura, con la cara marcada por evidente cicatrices, una armadura aparentemente impenetrable, y un pesado casco que le cubre gran parte de la cabeza. Su apariencia como sacada de un libro de historia antigua, su origen mongol. Khan exige a su revelador que le lleve al rey de esta tierras, pero el valiente héroe ya tendría planes y le guía al piso más alto del Century Club.

Al ver al recién llegado y lo que su presencia significa (o podría significar para el mundo) el mentor ordena acabar con él. Así comienza una encarnizada lucha contra una de las grandes leyendas de la historia de oriente. La pelea es cruenta y el grupo recurre a más de una artimaña para derrotarlo. Finalmente, con mucho esfuerzo le hacen caer por un ventanal, muriendo al impactar contra el pavimento justo a las afueras del colosal edificio.

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Bueno no es demasiado bueno

El viernes recién pasado dirigí mi primera partida de Spirit of the Century, también era la primera vez que ponía en práctica el sistema FATE 3. A pesar de llevar varios años en éste pasatiempo, tanto de Gamemaster como jugador, debo reconocer que incursionar en un nuevo juego es motivo de nerviosismo y expectación. Para los jugadores también era primera vez que juegan con FATE 3, algo bueno para mi, pues me quitaba un poco de presión de encima.

Para la ocasión decidí utilizar la aventura/escenario que viene en el manual de juego, la que está muy bien armada, con ricos personajes secundarios, una trama interesante y un desenlace muy típico del género.

Todo había comenzado bien, los jugadores atentos y la partida fluía con normalidad. De un momento a otro empecé a olvidar todo lo que había estudiado del manual, las ideas se revolvían en mi cabeza, lo sugerido por el manual se mezclaba con mis pensamiento, entonces recurrí a mis tradicionales estrategias narrativas, empoderando a los jugadores, otorgándoles más libertad.

En mitad de la partida, casi como una bola de nieve, todo había aumentado en magnitud, las idea se habían vuelto difusas y enredadas, los jugadores no aportaban como era debido, por tanto no podía hacer uso de las sugerencias que no me entregaban, y para peor la mesa rápidamente perdía el ritmo que tuvo en un principio.

Al final decidí cortar casi abruptamente la aventura, dejar la historia en suspenso para continuarla en una próxima sesión. A pocos minutos de haber terminado me invadió una extraña sensación de frustración, sentí que yo mismo no cumplí con mis propias expectativas y le pedí a los jugadores que me comentaran cómo lo habían pasado, cómo lo vieron ellos. Por supuesto que, muy políticos, comentaron de manera recatada, casi construyendo las disculpas por mi, aunque yo me hacía pedazos por dentro con duras autocríticas. Al final no fueron tan severas como yo conmigo mismo, y terminaron apuntando a que lo habían pasado bien y les gustaba el juego.

¿Qué falló? Luego de pensarlo largo y tranquilo el fin de semana, llegué a la conclusión simple que se conjugaron muchas cosas para que tal maraña de enredos se concretara:
Lo primero fue la poca preparación en la aventura y la excesiva preparación en el sistema, pensaba que las cosas fluirían tal como las leía en los ejemplos del manual y olvidé que los más importante es crear un marco lo suficientemente rico como para despertar y hacer volar la imaginación de los jugadores.
Lo segundo fue el exceso de confianza en los jugadores, pensando hasta el último minuto que me darían ideas para rellenar los grandes espacios vacíos que habían en mi mente.
Lo tercero y último el poco conocimiento de un sistema que no habíamos jugado nunca. No tenía más respaldo que el libro en mis manos y mucha ansiedad por querer poner todo lo que había leído en práctica.

¿Qué hacer para evitar esto? No hay un método o una fórmula para evitar este tipo de situaciones, seguramente no será la última vez que me ocurra, lo importante es ser muy autocrítico, revisar minuciosamente los errores y mejorar. Por mi parte, ya sé que la próxima vez deberé llevar conmigo a la mesa un breve apunte con todos los Aspects de los personajes y el manual con muchos marcadores de página de las secciones más importantes, para evitar hojearlo demasiado. Respecto de la aventura… si no es lo propio las aventuras prehechas, siempre tenemos la libertad de usar lo que nos guste o sirva de ellas.

Me es necesario recalcar que Spirit of the Century es un gran juego y si bien, desde mi visión personal, la primera sesión es posiblemente una de las más difíciles cuando comienzas a conocer un nuevo juego, tus jugadores te dirán que estuvo bueno, pero si nos queda un sabor enrarecido en la boca, entonces bueno no es demasiado bueno para nosotros. Por esa razón no podemos conformarnos con bueno, cuando queremos excelente.