Jovian Chronicles – Episodio 3: La Diosa del Amor (parte 2)

Logan, quien se había quedado en el puente de mando, trataba de conversar con el timonel de la nave. Lamentablemente, Kengou Mahoshi, era absurdamente serio y poco comunicativo.

Gereford, por su parte, había sido juzgado por la mismísima capitana, quien, después de escuchar sus descargos, le dijo que no presentaría cargos si se aseguraba de reparar la puerta. Mal que mal, era un científico enviado por las FAJ para asistir a la Convención Científico Solar en Nuevo Tokyo.

Esta convención, se celebraba cada 4 años, cambiando de sede entre las colonias y planetas aliados de GACT. Algunos los llamaban los premios Nobel del siglo XXIII.

Después de que los guardias se llevasen a Gereford, Darío invitó a Alan a un trago para relajarse, quien aceptó. Una vez en el bar, Alan le preguntó a Darío algo que lo tomó completamente por sorpresa: “Tu no eres periodista, cierto?”, “A que te refieres?” respondía Kantt, sin poder ocultar del todo su confusión, “Tu trabajas para las CMM (Cofradías Mercantes de Mercurio)… estás aquí por un motivo muy distinto al resto”. Darío ya se disponía a desenfundar su arma, ante lo que Lasse le respondió; “Quédate tranquilo, soy uno de los tuyos, tu secreto está a salvo conmigo” mientras terminaba su trago, y con una sonrisa casi burlesca, se retiraba del bar.

Gereford, quien a regañadientes trabajaba en la reparación de la puerta, entendía que se demoraría lo suficiente como para no tener tiempo de hacer nada mas antes de llegar. Solo veía pasar a Alan de vez en cuando, quién lo evadía por completo.

Darío, quien ponderaba la evolución de los acontecimientos, decidió arriesgarse, y decirle a Alan que contactara a alguien de las CMM para que se juntasen en alguna colonia de camino a Venus; quería reparar el disco duro del computador que habían recuperado de la fábrica en Ares 4. Alan le confirmó al rato que todo estaba listo.

La capitana, había escuchado las sugerencias de su Ingeniero en Jefe, y había accedido a hacer una parada en una colonia mercante. Lasse había solicitado que Kantt lo acompañase para realizar las compras.

Logan, quién había sido informado del plan por parte de Darío, se ofreció a acompañarlos, pero recibió un tajante no por respuesta. Lejos de darse por vencido, se escabulló al Hangar, y haciéndose con un traje adecuado, salió al espacio y se impulsó en dirección a la colonia.

Una vez dentro, Darío envió un mensaje a sus superiores, pero su nerviosismo lo traicionó, y olvidó encriptarlo correctamente. El tumulto de gente aglomerada en la loza central de la colonia era enorme, y al darse cuenta, Alan ya no estaba a su lado. En vez de eso, Logan apareció y lo acompañó al lugar que indicaba el mensaje de respuesta.

Un vendedor exhibía sus mercancías a los transeúntes, y al ver que Darío se acercaba, le hizo un gesto y lo condujo hasta una nave mucho mas pequeña que la Bella Durmiente. Dentro, un grupo de científicos le pidieron el disco y se dedicaron un rato a repararlo y replicarlo. Para cuando le entregaron de vuelta el disco remendado, y uno nuevo con la información almacenada, las dudas acercas de la alineación de Alan en la mente de Darío se esfumaron.

De vuelta en el andén de abordaje a la Bella Durmiente, estaba Alan, quíen firmaba unos papeles y les decía; “Te estaba espe… y tu como mierda saliste!?… bueno que mas da.”

Ya de vuelta en la nave, Logan, Suzaku y Darío se reunieron en la habitación de uno de ellos para analizar los contenidos del disco. No se percataron, que la astuta Rabaab los había estado observando, y escuchaba al otro lado de la puerta.

El proyector holográfico del ordenador, mostraba los planos detallados de la exo-armadura que, en efecto, tenía brazos enormes y en los hombros, unos puntos de acople para lo que parecían ser globos aerostáticos. Solo Suzaku, quién había estado leyendo bastante acerca de Tecnología robótica, pudo dar una idea de que eran; “Creo que son algún dispositivo de almacenamiento, pero el modelo solo tiene soporte para operaciones espaciales… así que no tengo idea que será lo que pretendan almacenar”. El código del diseño se leía “Prototipo F”, y una firma autorizaba dichos planos: Agram Peyarje.

Al unísono, las mentes de los 3 jovenes dedujeron algo: el doctor Peyarje estaba al centro de todo este asunto, y solo rescatándolo podrían averiguar que era. Rabaab, quién al escuchar el nombre del doctor había tenido que contener un grito, salía rápidamente en dirección a su habitación. Su padre, Giácomo Cantroni, uno de los dueños del Banco de Venus (BV), era parte de quienes financiaban el trabajo de Peyarje, pero al descubrir que las operaciones del BV eran todo menos limpias y correctas, había salido de viaje por el sistema solar para pensar y alejarse de su padre, quién, después de que su madre se marchara, no era mas que un benefactor para ella. Ahora además, descubría que tenían al doctor prisionero.

Los alto-parlantes de la nave indicaban a los pasajeros que se dirigiesen a sus cabinas, puesto que prontamente entrarían en la atmósfera Venusiana.

Por las mentes de los 3 jóvenes, transitaban imágenes de rescate y determinación. Rabaab en cambio, veía como los 6 meses de viaje, que habían servido para relajarla y desconectarla de los problemas, se iban al carajo con solo oír un nombre, y su confusión fue mayor, cuando recibió un mensaje de un número desconocido que decía “Ve con ellos”. Finalmente Gereford, esperaba en su habitación lleno de orgullo, recordando lo bien que había reparado, e incluso mejorado la puerta.

A través de los paneles reforzados de la nave, se vislumbraba la estación espacial Babilonia y detrás de esta se podía ver como se  alzaba el sol en gloria y majestad, iluminando Nuevo Tokyo y la superficie del planeta nombrado tras la Diosa del Amor.

Continuará…

Can you prevent the universal war?

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