Jovian Chronicles – Episodio 3: La Diosa del Amor (parte 1)

Se cierra la escotilla tras Darío y Suzaku, quienes ven como la nave rápidamente deja la colonia tras de si. El hombre que los recibió, se saca el casco. Una cabellera negra y rizada adorna su alta figura. “Mi nombre es Noah Bright, vengan conmigo, la capitana quiere hablar con ustedes”, les dice a los jóvenes, quienes lo siguen por los pasillos de la nave.

Al pasar por el área de comedores, desde dentro de uno de estos, la bella Rabaab observa como estos 2 jóvenes siguen a Noah hacia el elevador. La gente alrededor suyo le pregunta airadamente a la tripulación que había sido todo ese alboroto, a lo que ellos respondían que habían atravesado un campo de asteroides, pero que la situación estaba ahora bajo control. Claro, parecía posible, pero para Rabaab era extraño que 2 jovenes abordaran la nave en medio de un campo de asteroides, por lo que decidió averiguar más.

Una vez en el puente de mando, Darío y Suzaku entendieron por lo que habían visto y lo que estaban viendo, que esta no era una simple nave carguera, mas bien era un acorazado mediano, bajo disfraz. Desde el asiento de mando, se levantó una mujer, de aparentemente unos 40 años, con una expresión tranquila pero determinada. “Yo soy la capitana Agnes Descartes, bienvenidos a la Bella Durmiente”. Una joven pelirroja, con expresión alegre, que estaba sentada frente a un gran panel y monitor a un costado, le decía; “Capitana, que le digo a la nave particular?”, ante lo que Darío y Suzaku les informaron que era su compañero Logan, por lo que le dieron indicaciones para abordar la nave por el hangar y le indicaron que subiese al puente.

También en el comedor, estaba sentado el corpulento científico de las FAJ, Gereford, quien al terminar su comida, prefirió dirigirse al hangar, para aprender mas acerca de la nave, y de la exo-armadura que servía para defenderla. Una vez allí, se encontró con el encargado de dicho sector, Alan Lasse. Los años de trabajo y la ingravidez habían formado un carácter un tanto prepotente y huraño en Alan, quien respondía de mala forma a las dudas del curioso Gereford. Pero cuando Alan entró a su despacho, en un extremo de la bodega, el joven “Gervo”, lejos de darse por vencido y retirarse, quiso jugarle una “broma” al ingeniero. Haciendo uso de su colosal fuerza, abrió a mano desnuda la compuerta de sello electrónico de la habitación y ante los ojos estupefactos y horrorizados de Alan, entre chispazos Gereford le decía “Cariño, ya llegué!”.

La capitana Descartes, había convocado a los 3 jóvenes a su habitación, ya que tenía que hacerles llegar una carta confidencial.

Con la información que ellos habían recopilado en el “Georgia”, la gente de la base Canaán de las FAJ, había conectado los datos a una petición de asilo y rescate desde su embajada en Nuevo Tokyo, Venus. Al parecer, un reconocido científico, el Doctor Agram Peyarje, deseaba pasarse al bando Joviano, pero sus “jefes” en GACT no estaban dispuestos a dejarlo partir. Los estudios del Doctor Peyarje, guardaban estrecha relación con los planos de la exo-armadura que habían encontrado, por lo que deberían viajar en “La Bella Durmiente” a Venus, establecer contacto con el Doctor Peyarje, y de ser posible, rescatarlo. La carta estaba firmada por la mismísima Alexandra Itangre, presidenta del Ágora (Cámara de representantes Jovianos). Darío, quien no estaba dispuesto a seguir metiéndose en problemas por una simple promesa de entrevistas y fotos, logra obtener el compromiso de una suma exorbitante de dinero y accede. Mal que mal, esta información de por si ya valía mucho, luego se dirigió al Hangar.

Al llegar, se fija que la compuerta de la habitación del fondo parece estar rota, y al acercarse, ve que un hombre de lentes, esta sentado estático, con el rostro pálido mirando a otro, quien observa detenidamente unos planos a contra luz, dándole la espalda. Kantt lo encañona y espera a que lleguen los guardias, que se llevan al “curioso” agresor, quien explica que solo quería ver los planos.

Mientras tanto, Suzaku, se dirigió a la enfermería, dado que había salido lastimado del combate. Al llegar, se encuentra con la parsimoniosa medico Marianne Chapman, quien después de examinarlo, comienza su tratamiento. En el pasillo, el tripulante que había acompañado a Suzaku sale de la enfermería y se topa con la joven Rabaab, quién los había seguido. Ella se da vuelta rápidamente para no ser descubierta, pero su gran vestido y la ingravidez le juegan una mala pasada y el tripulante no puede evitar que su nariz sangre.

Ya en su cuarto, Rabaab coge su violín y luego de modificar su vestuario, se dirige a una sala de reuniones vacía, donde interpreta a puertas cerradas una hermosa melodía que pareciese hacer danzar las estrellas que se encuentran en el exterior…

Continuará…

Can you prevent the unviersal war?

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